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En la UFRO, Maximiliano Bello se refirió a las metas de conservación para el entorno marino internacional, centrándose en esta oportunidad en el rol que cumplen las comunidades locales en la protección y el valor de los océanos para la vida.

 

 

Cada vez que usted respira, la mitad de ese oxígeno se lo debe al océano. Así de trascendental es el rol que juegan los mares en la vida. Sin embargo, cada día son más las amenazas que los ponen en riesgo como la contaminación, el cambio climático, la pesca ilegal, entre otras; mientras que el camino para hacerles frente está en protegerlos para el presente y para las futuras generaciones.

Así lo ha entendido el chileno Maximiliano Bello, oficial principal de la unidad internacional de conservación de The Pew Charitable Trust y asesor internacional del proyecto Legado para los Océanos de Pew Bertarelli, quien estuvo en la Universidad de La Frontera invitado por el Magíster en Manejo de Recursos Naturales, para compartir su experiencia de más de 15 años, que lo ha llevado a alrededor del mundo en la cruzada por proteger los mares y su biodiversidad.

Esa experiencia también lo ha traído en varias ocasiones de vuelva a Chile, una de ellas fue trabajando con la comunidad Rapa Nui de la Isla de Pascua y el Gobierno de Chile para crear una de las áreas marinas protegidas más grandes del océano pacífico, 720.000 km2 (un área del tamaño de Francia), formalizada a comienzos de este año y que pone a nuestro país como ejemplo mundial en materia de conservación.

En la UFRO, Maximiliano Bello se refirió a las metas de conservación para el entorno marino internacional, centrándose en esta oportunidad en el rol que cumplen las comunidades locales para la protección de estas y el valor de los océanos para la vida.

“Hay acuerdos internacionales que tienen metas de conservación del 10%, que se cumplen en dos años, ya estamos ad portas de eso y estamos al debe. También hay voces que vienen diciendo que debemos proteger el 30% de los océanos, esto ha llevado a organizaciones como la que integro a tratar de generar grandes parques marinos; los científicos dicen que áreas de este tipo protegen más procesos, ecosistemas, especies, con mayor cobertura; entonces es necesario avanzar en eso, porque son sectores que pueden ser fuentes de biodiversidad en el futuro”, comenta el especialista.

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A estas áreas extensas de protección se les ha identificado como reservas del cambio climático, porque también pueden ayudar a resguardar sectores que son amenazados simultáneamente por distintos factores como la pesca, la contaminación, la acidificación, el aumento de temperatura, por ejemplo. De esta manera, su resguardo les permite ser más resistentes a estos embates a largo plazo.

Y es que el papel que tienen es fundamental para la vida. La mayor cantidad de proteína en el mundo proviene de los océanos; son el mayor mitigador de la temperatura, y si se considera que esta sigue ascendiendo, su rol resulta aún más importante. Produce el 50 por ciento del oxígeno, es decir, de cada dos respiraciones, la segunda es gracias a ellos; también es el mayor absorbente de dióxido de carbono en la atmósfera.

“Si hoy no invertimos en protegerlos, difícilmente vamos a tener un océano que pueda responder a las necesidades de un futuro incierto. Si no tenemos mares sanos, será difícil también poder tener un impacto en el control del cambio climático”, ejemplifica.

MIRAR CON OTROS OJOS

Según observa Maximiliano, se ha ido produciendo un cambio lento pero constante en la forma de ver al océano, tanto a nivel local como global, que parte con un reconocimiento de parte de la ciudadanía que los mares están en una situación crítica. “Siempre tratamos de trabajar con las comunidades locales, porque de alguna u otra forma están más sensibilizadas, porque tienen una relación diferente con el mar, como lo que pasa en Rapa Nui, donde sus habitantes llegaron a la isla a través del mar, viven y han vivido de sus recursos”, comenta.

En el caso de Rapa Nui, Maximiliano detalla que se encontraron con que uno de los problemas era la pesca ilegal que ocurría en la zona económica exclusiva y que no era detectada, generando un efecto directo en los recursos marinos que los mismos isleños utilizan.

“Para proteger esas áreas es necesario mostrarles todos los beneficios que eso tiene a las autoridades, pero para eso también tienen que escuchar a la comunidad sobre qué es lo que quiere y de qué forma lo espera. En Rapa Nui se hizo a través del Convenio 169 de la OIT, con una consulta indígena y una votación que fue histórica. Fue un trabajo largo que nos tomó prácticamente 5 años, porque siempre hay miedo en las comunidades, pero con el tiempo se dieron cuenta que estábamos en la misma preocupación”, explica sobre esta área protegida cuyo decretó se firmó a fines de febrero de este año, ocasión en que se concretó también la creación de otras cuatro en el Archipiélago de Juan Fernández; Islas Diego Ramírez-Paso Drake; Seno Almirantazgo y Tortel.

IMPLEMENTACIÓN

Chile pasó de ser un país de extracción de recursos marinos a uno en la vanguardia en la conservación marina, con un 43% áreas en esa condición. Pero ¿cómo se mantienen y proyectan esas zonas protegidas? Para el asesor internacional no basta con firmar convenios, lo más importante tiene que venir con la implementación del área, es decir, con planes de manejo, monitoreo, contar con una línea de base, investigación, sistema de vigilancia moderno que minimice la extracción ilegal, entre otros aspectos, los que de paso tienen un costo elevado, por lo que es fundamental tener claro que es necesario un presupuesto acorde.

Pero Maximiliano va más allá y enfatiza que estas áreas y parques marinos no pueden ser el legado de un gobierno, debe ser una política de Estado. “Decretar un área protegida no es solo cumplir un requisito, es un compromiso. Hay que verlo también como una inversión, porque el océano no es un capricho, es básico y crítico, particularmente en Chile”.

La idea es avanzar en proteger aún más áreas marinas extensas pero también otras costeras más pequeñas. Pero para que estas sean exitosas la implementación es una de las clave, al igual que involucrar a la comunidad; “si no tienes un estilo de gobernanza donde la gente vea los beneficios y sea parte del desarrollo, manejo y cuidado de los recursos, es difícil que ocurra”. Agregó que es fundamental tener un conocimiento acabado del área, qué pasa en ella y cómo funciona, de manera de hacer una planificación de largo plazo, lo que a su vez también requiere mucha investigación y recursos para ello.

EL EJEMPLO DE CHILE

Con los decretos que crean estas cinco nuevas áreas marinas protegidas, Chile suma en total 14 y se ubica como un país líder a nivel mundial con un 43% de su zona económica exclusiva bajo protección, contribuyendo sustancialmente a la conservación de los ecosistemas marinos y a la resiliencia de estos.

“El caso de Chile ha sido inspirador en los últimos años, porque es un país en vías de desarrollo y es diferente a que estas iniciativas las hagan países desarrollados. Aquí hay un cambio de paradigma que ha tenido repercusiones en Latinoamérica y lo va a seguir teniendo en otras partes del hemisferio sur. México fue el que siguió inmediatamente y creó un área gigantesca cuando no tenían prácticamente parques marinos, y Brasil creó dos zonas con dos áreas núcleo de no tocar, y ellos están motivados por la experiencia chilena”, destacó Bello, concluyendo que “si miramos al futuro tenemos que incorporar al océano en ese futuro”.